Corriendo hacia el futuro (Post especial)

January 24, 2018

 

La meta se va alejando conforme te acercas tú a ella, y nunca llegas. Y cuando parece que estás llegando, de repente todo se vuelve borroso, no puedes leer el cartel con claridad y dudas si eso que divisas unos metros más adelante es realmente la línea de llegada. 

 

Durante la carrera te caes, y mientras estás en el suelo temblorosa, te detienes un momento. Te ha dolido. Te ha dolido tanto que no sabes si serás capaz de seguir adelante. Te preguntas si merece la pena el dolor. En esta ocasión te levantas, te sacudes la suciedad y sacas fuerzas para levantar de nuevo la cabeza e iniciar la marcha. 

 

Avanzas un poco y te ponen la zancadilla. ¿Cómo? ¿En serio?, hay que ver la gente cómo puede hacer esas cosas y ser así...y te sientes entre humillada, enfadada y con la toalla a punto de deslizarse y acabar tirada en el mismo lugar que te han dejado a ti. A pesar de todo continúas, pero lo haces por inercia; te bombardean los pensamientos, se acucia el cansancio y te cuestionas cada vez más si realmente la meta era aquella a la que quisiste llegar cuando empezaste a correr hacia ella. 

 

En la llegada estás esperando encontrar una brillante caja dorada cuya llave has custodiado todo el camino y que contiene tu realización personal y profesional, el objetivo último de todos los participantes. Cruzas la línea, introduces la pieza de metal caliente humedecida por tu sudor. Se abre la caja y está vacía. Es una puñetera caja vacía que solamente contiene un fondo que refleja tu cara de perplejidad. 

 

No entiendes nada. Estás confusa y enfadada. Miras hacia todas partes buscando a alguien que te lo explique. 

 

Vuelves a mirar las reglas de la carrera y hubo un renglón que pasó desapercibido para ti: no encontrarás nada en la meta si no eres capaz de disfrutar el camino

 

¿Perdona? ¿De qué porquería de libro de autoayuda han sacado esta frase ahora? ¿Qué tiene que ver con todo esto? Has aguantado. Has sido perseverante como se supone que tenías que ser. Te has levantado y continuado como se supone que te tenías que hacer. Te lo has currado mucho. Muchísimo.

 

No habías prestado la suficiente atención a las reglas del juego, y has pasado de ser una convencida y merecida ganadora a una perdedora más. No estás sola, a tu alrededor la mayoría de los que han llegado como tú están exactamente igual. Sin más premio que un reflejo de sí mismos en un espejo encajado en un cofre como si de una broma se tratase. 

 

Te calmas un poco e intentas comprender qué significa eso. Qué significa que tienes que disfrutar el camino y por qué alguien ha juzgado que ese no había sido tu caso. 

 

Te das cuenta de que a pesar de sentirte muy orgullosa por cada paso que dabas, cada reto que superabas y cada obstáculo que vencías, en (casi) todo momento has pensado que podías hacerlo mejor. Has pensado que el premio estaba ahí, lejos de ti. Te has preocupado mucho por los demás y a su vez has tenido que justificar y justificarte tú con demasiada frecuencia. Has dudado de ti. Y has sufrido. Has sufrido demasiado. 

 

Y ahí estabas tú, sujetando lo único que te había quedado después de todo tu esfuerzo y lucha, una caja con tu reflejo, mirándote fijamente después de tanto tiempo mirando en otra dirección. De repente algo te asusta, suena una voz firme y rasgada que parece provenir del horizonte por el que el sol empieza a recogerse...

 

Felicidades a aquellos que han llegado a la meta con éxito. Algunos de vosotros os encontrareis sorprendidos de que aquello que esperabais encontrar no estaba donde pensabais, y en su lugar, la caja no contenía más que un espejo. 

 

El espejo te acompañará durante tu próxima carrera. En él te deberás mirar y preguntar qué cosas del camino te hacen disfrutar. Es muy importante que las identifiques, mucho más importante que la meta en sí misma, que de hecho irá cambiando de lugar y haciéndose más nítida conforme tus respuestas vayan siendo coherentes con ella. Es muy importante que te desapegues del resultado, o el sufrimiento aparecerá de nuevo y anulará los resultados, tal y como ha sucedido esta vez.

 

Tienes que encontrar al menos diez cosas que te proporcionan calma y felicidad independientemente de las circunstancias. Tienes que conocer bien esas diez cosas. Esas diez cosas que van a estar presentes tanto tiempo como tú en este mundo. Podrán ir cambiando según cambie tu vida, prioridades y circunstancias, pero siempre tienes que tener, al menos, diez. 

Diez cosas que cuando te caigas, te levanten. Que cuando te hagan la zancadilla te recuerden tu valor y no te dejen caer en la malicia del otro. Que cuando creas que no puedes más, te tranquilice saber que las tienes pase lo que pase. Que las pienses, y te reconforten. Y que por supuesto estén al alcance de tu mano en este mismo momento. 

 

Tú vas a ser el premio más grande que te lleves, lo que consigas al llegar a la meta, solamente va a acompañarlo. 

 

La voz se apaga. Un silencio sepulcral hace que hasta el crujir de una hoja se escuche de forma intensa. Tú sigues paralizada y mirando alrededor mientras el cielo sigue tiñéndose de cálidos colores. La gente empieza a caminar y dispersarse a paso lento y en diferentes direcciones. Te sientas en el banco más cercano que encuentras y te sigues preguntando el sentido de este aparente absurdo. 

 

Pero pronto todo empieza a encajar. Te dijeron que había que tener una meta. Te dijeron cómo ir a por ella. No te hablaron de la letra pequeña, que al final era la condición más grande. Ese sentimiento de ir persiguiendo el futuro había empañado por completo tu presente. No sabías ya qué era aquello que ya tenías mientras corrías. Cuando se supone que ibas en una dirección muy clara, te sentías muy perdida. Cuando parecía que controlabas más todo, menos control sentías. 

 

Te empezabas a dar cuenta, no era cuestión de alcanzar nada... Hay cantantes de bandas de música de mucho éxito dedicados a su pasión, casados con una modelo, con familia y una mansión en un soleado país, y que acaban con su vida porque la vivían con sufrimiento. 

 

Entendiste que si tú avanzabas a tu ritmo pero con ese mínimo de diez cosas tan claras como el agua cristalina, entonces la meta aparecería delante de ti nítida y brillante. Y detrás de esa otra. Y así lograrías cosas que no serán más que un acompañamiento a lo más importante. TÚ y las cosas que ya tienes que te hacen feliz. 

 

Y así, de esta forma, dejaste de correr hacia el futuro, para pasar a recorrer siempre tu presente. 

 

Y colorín, colorado, esta paranoia mental de Silvia, se ha acabado. :) 

 

 

 

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