Requisito indispensable de toda mujer para vivir su vida

October 15, 2014

 

Hay una historia muy personal que quiero compartir contigo...

 

 

Tengo que confesar que siempre he sido bastante reacia al compromiso. Lo he evitado de forma consciente e incluso inconsciente. No hablo únicamente al compromiso como se suele entender, a ese en el que te unes a alguien y a tus/sus promesas. Hablo también de cualquier actividad o cosa que supusiera que mi dedicación o amor tenía que ser tan grande que pareciera que no iba a poder cambiar de opinión. Sólo se me ocurría huir. No sé si a ti te habrá pasado alguna vez…

 

No me ataba ni siquiera a cosas materiales, ni a lugares, ni a trabajos. Siempre he estado en constante movimiento. Y ojo, que eso no quiere decir que no me haya dedicado. Había dedicado mucho tiempo y esfuerzo pero muy poco corazón.

 

 

Hace un tiempo sin embargo di un giro de esos de 180º y me embarqué en el reto más grande de mi vida. Me comprometí con cuerpo, alma y corazón conmigo misma, pero esta vez sin tiempos. Sí, conmigo. Me comprometí, me regalé hasta un anillo, hice todos los cursos prematrimoniales que creí que me ayudarían a conseguir mi propósito en forma de libros, revistas, terapias y estudios y no me puse fecha de enlace pero sí que hice mi lista de promesas:

 

  • Sería fiel a mí misma

  • Me amaría por encima de todas las cosas

  • En las alegrías y en las penas

  • En la salud y en la enfermedad

 

Y así, un día, me juré amor y respeto el resto de mi vida, hasta que la muerte aleje mi cuerpo de mi alma

 

Como todo matrimonio que empieza, tuve que trabajar mucho para que funcionase. Es esa plantita se suele usar como símil para hablar de amor, esa que hay que regar día a día y cuidar. Ese matrimonio en el que siempre van a aparecer terceras personas y situaciones que te harán dudar de ti misma, que te confundirán. Ese matrimonio que pasará por buenos y malos momentos hasta superarlos. Ese en el que no todos los días te sientes igual de enamorada pero quieres que funcione. Ese en el que tu familia y amigos tienen un papel crucial y ese en el que da igual quién opine, al final tú eres la única responsable de tus decisiones

 

El reto me acojona, no te voy a engañar. Acompañarte a ti misma de forma incondicional ya sabrás lo complicado que puede resultar a veces. Pero si la magia de toda relación radica en aceptar a la otra persona tal y como es, imagina lo importante que resulta hacerlo contigo misma. Para una persona tan acostumbrada a huir de todo compromiso, la sensación es como la de prepararte para tirarte al vacío. Salir de lo que ahora tanto suena: “tu zona de confort”, esa que en mi caso, estaba siempre en lo(s) demás.

 

 

Me di cuenta además que muchas veces nos comprometemos con un ideal y no con su realidad. En el caso de la pareja, con un príncipe azul. Nos enamoramos de quienes querríamos que fuesen, y nos frustramos cuando no aparece el caballo blanco. Nos queremos a nosotras mismas como nos gustaría ser, no como somos. Seguimos frustradas. Nos queremos si nos aceptan, como si eso fuese una condición indispensable, pero no nos aceptamos cuando no nos aman. Tuve que enfrentarme a mi yo más feo, ese del que había renegado tantos años, e invitarle a muchas cervezas mientras conversábamos hasta que por fin nos conocimos bien y nos pusimos de acuerdo y en marcha para que lo que quería ser y lo que era, convivieran en la misma persona y formasen un maravilloso equipo.

 

 

Entendí entonces que ese constante movimiento que siempre me había caracterizado podría fundirse con las grandes promesas que me había hecho y encontrar la forma de convertirme en una persona en continua evolución, y que cada aventura en la que me embarcase tendría que respetar todos esos principios para que no se redujesen a palabras.

 

 

Nunca me había enfrentado a un reto tan grande en la vida como el de aceptarme a mí misma con todas mis facetas, virtudes y defectos. Nunca algo me había merecido tanto la pena. Nunca me había sentido tan segura e insegura al mismo tiempo. Nunca estaré suficientemente agradecida de que el primer gran compromiso que adquiriera fuera conmigo misma.

 

 

Me da la sensación de que en muchas ocasiones nos comprometemos sin pestañear con toda causa justa menos con la nuestra propia...Hoy agradezco el haberlo podido compartir contigo y me pregunto si a ti te ha pasado algo igual o parecido. 

 

 

¿Estás tú comprometida contigo misma? ¿Te has prometido amor eterno? Si la respuesta es no, espero que compartir contigo esto te haya hecho al menos planteártelo…:)

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